La primera decisión es de dónde sale la línea. Puede salir del contador de tu vivienda, con lo que el coche se suma a tu factura de siempre, o de un contador nuevo instalado en la centralización solo para la recarga, con contrato propio. La segunda opción exige que haya hueco en la centralización; la primera, que tu piso tenga margen de potencia o un cargador con control dinámico.
Después viene el recorrido. Se baja por el patinillo de instalaciones o por la escalera hasta el garaje y se canaliza por el techo con bandeja o tubo rígido. Cuando hay obstáculos, como vigas descolgadas, conductos de extracción o instalaciones de incendios, la línea busca los muros. En cada cambio de dirección se deja un registro accesible.
Al final, en tu plaza, van las protecciones del circuito y el cargador, colocado del lado de la toma del coche para que el cable no cruce la plaza del vecino.